La mirada.
Y los susurros se mezclaron con la luz del alba, y las palabras acariciaron levemente una promesa rota hace tiempo.
En la nieve, había un cuerpo, una masa encogida y tendida sobre un charco de sangre.
Me acerqué dos pasos, y el lobo giró la cabeza hacia mí.
Al verle los ojos, me quedé sin voz.
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